Europeana, bibliotecas digitales y repositorios. ¿Pueden competir con Google como herramientas de búsqueda documental?
Por Luis RodrÃguez-Yunta23 December 2008
Si hay que elegir una noticia de 2008 de especial relevancia e impacto social en el ámbito de los recursos documentales, hay que destacar, sin duda, el lanzamiento de Europeana.
Aún en su versión beta, este proyecto ha levantado grandes expectativas y recabado la atención de los medios. Su importancia radica en su carácter agregador de los recursos digitales europeos, por lo cual se presenta como futuro competidor directo de Google para focalizar las búsquedas de documentos dispersos en diferentes archivos y bibliotecas digitales en Europa.
Europeana representa la culminación de un esfuerzo colectivo en la apuesta por los contenidos libres en internet. Los poderes públicos y numerosas instituciones se han implicado en la digitalización de obras de interés general libres de derechos.
Se está poniendo a prueba el potencial democratizador de la Red, especialmente en dos ámbitos: el del patrimonio cultural, con las obras depositadas en bibliotecas, archivos o fototecas, y el de la documentación académica y cientÃfica, que universidades, centros de investigación o los propios investigadores, están depositando en archivos abiertos.
Repositorios institucionales, plataformas de revistas electrónicas de acceso gratuito, archivos y bibliotecas digitales aportan un creciente número de documentos a texto completo en internet.
A ello se suman imágenes, vÃdeos y registros sonoros. Un beneficio indudable para bibliotecarios y documentalistas, implicados tanto en el diseño como en la consulta y difusión de estas nuevas herramientas de trabajo. Sin embargo, desde el punto de vista profesional, hay que cuestionarse si el diseño de estos recursos es el adecuado, si los usuarios llegarán a través de las interfaces de usuario de estos sistemas, o aterrizarán directamente en los documentos a través de buscadores como Google.
¿Qué ventajas aporta al usuario la búsqueda a través de Google? Sin duda, son fáciles de encontrar:
- La interrogación directa del texto completo de los propios documentos, que le permite localizar datos concretos, frases, citas, numerosos elementos que son indispensables para un amplio tipo de búsquedas.
- La navegación entre documentos, a través de citas y enlaces.
- La presentación de resultados en función de criterios que pretenden adaptarse a los usos sociales.
Por el contrario, repositorios institucionales, bibliotecas digitales y agregadores, con frecuencia, no disponen de sistemas de búsqueda que puedan competir con estas opciones. Están limitados a la información contenida en los metadatos, excluyen tanto el texto completo como la explotación de las citas y emplean sistemas básicos para la ordenación de resultados.
Bien, estas limitaciones son las mismas que pueden achacarse a los Opac o a las bases de datos referenciales. Sin embargo, estas herramientas tradicionales han cumplido una importante función en la tradicional búsqueda de documentación impresa y para los profesionales no cabe duda sobre las caracterÃsticas que avalan la calidad de estos recursos:
- El control de autoridades y la opción de búsqueda a través de Ãndices, que permiten delimitar la forma más apropiada para realizar una búsqueda tan exhaustiva como pertinente.
- La existencia de una amplia baterÃa de campos que permiten un análisis sistemático de la documentación.
- El empleo de lenguajes documentales para la búsqueda por materias: clasificaciones, tesauros…
Estos elementos de la tradición profesional están quedando al margen en los proyectos de acceso a fuentes digitalizadas, cuando podrÃan ser el punto diferenciador con un buscador global.
Entre los propios profesionales es frecuente escuchar crÃticas a cualquier diseño de una interfaz de usuario que no se asemeje a la pantalla simple de Google. Se piensa que los usuarios se alejan de los sistemas complejos por su falta de amigabilidad, pero la realidad es que hacerlos más sencillos no atrae un mayor número de consultas.
Un sistema aislado no puede competir con el alcance de Google, ya que difÃcilmente puede mejorar la exhaustividad de sus resultados. ¿Por qué no diseñar por tanto sistemas complejos, sabiendo que van destinados a un uso profesional, para resolver las necesidades de búsqueda que Google no alcanza?
Si tomamos el diseño de Europeana, en su página principal, se aprecia con claridad este fenómeno de imitación de la estética de Google, un formulario de búsqueda con un único recuadro.
La búsqueda avanzada ofrece poco más: limitaciones por tÃtulo, creador, fecha y materia, en suma, los metadatos más básicos.
A ello se añaden las opciones de refinamiento por idioma, paÃs, fecha, proveedor o tipo de documento. Las posibilidades de búsqueda en este contexto son limitadas.
Por ejemplo, un mapa histórico del siglo XVIII figura en el apartado de imágenes, igual que cualquier fotografÃa contemporánea. ¿Cómo distinguirlos dentro del mismo tipo de fuente? No por fecha, pues este campo parece referirse al año de la digitalización, no de la imagen original. El mismo análisis puede realizarse sobre los repositorios institucionales o archivos de e-prints.
Será imposible competir con Google si se apuesta por interfaces de usuario que limitan la búsqueda a los metadatos sin el contrapunto de herramientas avanzadas (control de autoridades, tesauros multilingües, clasificaciones…).
Los esfuerzos invertidos en la construcción de Europeana, o en cualquiera de los archivos y bibliotecas digitales, no serán nunca baldÃos.
En cualquier caso, se está contribuyendo a potenciar la accesibilidad del conocimiento en una dimensión desconocida hasta ahora. Pero el debate profesional debe dirigirse también hacia el diseño de herramientas de recuperación, para ofrecer un servicio de mayor calidad y dirigido también al uso profesional.
Luis RodrÃguez Yunta
Miembro del Grupo ThinkEPI
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